lunes, 10 de diciembre de 2012

Piedras y placas



Primeras piedras y placas de inauguración son el comienzo y el fin de una obra. Son en muchos casos el símbolo del derroche, del negociado de por medio, de la construcción improvisada o en considerables veces mal hecha. En esos actos, las autoridades desde la más sórdida del nivel local hasta la más apabullante del nivel central, quieren que se eternice sus nombres, que éstos queden grabados en altorrelieve para la posteridad.
Se da el caso que las primeras piedras son sólo eso, pues nunca se llegan a concretar las obras por venir de otras gestiones o de otras iniciativas, o son simplemente concesiones para aplacar las iras y los reclamos de los pobladores. Y también se da el caso que para una misma obra se han colocado tantas primeras piedras como autoridades han pasado por la administración pública.
Y ocurre que las placas de inauguración son ya un chiste. Hay quienes quisieran colocarlas en cada aula que se construye, en cada puerta que se confecciona, en cada calle que se pavimenta, en cada computadora que se regala. Hay autoridades del despelote que una misma obra la han inaugurado tantas veces para que lleve también una placa con su nombre.
En estas ceremonias no se dice nada de los montos presupuestados, de las fuentes de financiamiento ni de la empresa constructora, nada de las condiciones, características y plazos de construcción de la obra. Y lo triste es que los periodistas relatan la ceremonia como ventrílocuos del poder, obviando las preguntas incómodas.
Esta fiebre narcisista y ególatra que aqueja a nuestros gobernantes tiene un componente psicológico que evidencia ese afán de poder omnímodo, por el que se desviven nuestros malhadados políticos. Y, a su vez, una muestra viscosa de esta época plagada de éxitos fraudulentos y de fortunas mal habidas.
Amor y Llaga N°  474

Los chicos de la banquilla


En una sutil jugada política, el alcalde ha designado a algunos integrantes del grupo de tertulias, rajes y chismorreos conocido como “los chicos de la banquilla”, en importantes puestos de la Municipalidad Provincial de Chota. Tales cargos van desde la gerencia municipal hasta algunas áreas críticas como transporte y seguridad ciudadana.

El aludido es un grupo informal, sin cánones ni reglas, sin jefes ni secretarios, pero sí con un horario convencional de reuniones nocturnas la mayoría de las veces, que congrega  sin restricciones a profesores cesantes y activos, abogados y algún exalcalde o exregidores en ristre, y con una muy amplia, variada y rica agenda de actualidad política, jurídica, económica, taurina, vecinal y doméstica.
Como no es un grupo unido por vínculos de sangre política, sino por el simple, antiquísimo y entretenido arte de pegar la hebra en las horas de descanso, han asumido funciones municipales, entendemos, no atraídos por un ingreso adicional tan necesario en estos tiempos, sino más bien por el respetable interés de apuntalar la calamitosa y muy cuestionada gestión edil.
Pues así, por los cargos que ocupan, tienen en sus manos la gran responsabilidad de reconducir la administración, desfacer entuertos, desarticular los tejes y manejes mafiosos del presupuesto y transparentar la gestión municipal (para usar una palabra tan de moda en la jerga burocrática, pero escasamente practicada). Y además tienen el elevado reto de demostrar que sí son capaces de enfrentar y resolver los problemas municipales.
Deseamos, con espíritu chotano y por el bien de Chota, que se rectifique el rumbo errático e improvisado de la gestión municipal que en dos años no tiene nada que exhibir que no sea soberbia, incapacidad y un manejo del gobierno local con mentalidad, criterio y artes de negociante. Y que los “chicos de la banquilla” que han asumido cargos no se conviertan en cabezas de turco luego de su breve paso por la municipalidad.