domingo, 13 de julio de 2014

Las licitaciones públicas

Las licitaciones públicas, concursos públicos y adjudicaciones directas públicas son procesos por los cuales los organismos del Estado, en todos los niveles de gobierno (nacional, regional y local), convocan y seleccionan a las empresas para la elaboración de estudios o ejecución de obras, bajo la forma, modalidades, plazos y condiciones establecidos previamente.
Dichos procesos se deben realizar, como se advierte, en forma pública. Pero ocurre frecuentemente que se llevan a cabo entre gallos y medianoche, previo arreglo bajo la mesa con los miembros del comité especial de licitaciones y la venia de los titulares de la institución (alcaldes, presidentes regionales, ministros, etc.), de tal modo que se forman mafias que se enriquecen ilícitamente con dinero del erario público.
Se sabe que para “ganar” una licitación, concurso o adjudicación directa hay una multiplicidad de formas para robar el dinero del Estado, una de ellas son los diezmos, es decir los funcionarios exigen el 10 por ciento del valor de la obra o estudio, aunque se tiene conocimiento que ahora exigen hasta el 20 por ciento o más.
¿Cuál es el resultado de la corrupción en los procesos de licitaciones, concursos y adjudicaciones? Obras sobrevaluadas, mal hechas, con materiales pésimos y de poca duración. Todo lo cual perjudica evidentemente a la población, al desarrollo y progreso de nuestros distritos, provincias, regiones, y del país.
La corrupción salta a la vista. Y ahora para el colmo de la burla se presentan de candidatos. 

Semanario Amor y Llaga N° 530

Oportunismo y corrupción

El oportunismo político es una deformación fétida de la actividad política, es un recurso al que recurren frecuentemente los políticos venales y deshonestos, sin ningún ápice de dignidad, para aprovecharse de las circunstancias en beneficio personal, bajo el pretexto de defender los “sagrados intereses populares”, frase ésta tan trillada que en la boca de esos cuatreros suena falsa.
Las urgentes necesidades de la población, los constantes reclamos y exigencias del pueblo, las legítimas y justas aspiraciones populares se convierten en manos de esos oportunistas en la materia prima para usarlos de caballito de batalla, abanderarse, figurar y, si la suerte les acompaña y encuentran un buen financista, terminar erigiéndose de alcaldes, presidentes regionales o congresistas, o de cualquier cargo público donde la teta sea grande y ubérrima.
Y, sobre todo, en periodos electorales encabezan luchas y reclamos (que en su momento los abandonaron o los dejaron de lado) con el único y evidente propósito de ganarse el aplauso de las “masas”, el favor de los votos y la gracia de alguna sinecura en las “ugeles”, en la región, en las subregiones, o en las municipalidades. Ejemplos a la vista.
Quizá esto no llame la atención porque la gente coloca en el mismo rasero a todos los políticos. Todos son iguales, dicen. Y tienen razón, porque nuestros políticos autodenominados de izquierda no han hecho nada para diferenciarse de aquellos de la derecha, sino más bien han procurado emularlos, y vaya que los han superado con creces: coimas, sobrevaluaciones, negociados, licitaciones entre gallos y medianoche, es decir: corrupción hasta la fetidez.

Semanario Amor y Llaga N° 529