martes, 4 de noviembre de 2014

Protestas y afán de poder

Mientras exista personas que no tengan ni la más remota idea de lo que es la dignidad o, en el caso de nuestra provincia, mientras exista chotanos que no tengan ni el más remoto sentimiento del honor, ni autoridades sin el menor sentido de la vergüenza, vamos a seguir siendo un pueblo que ha perdido su capacidad de indignación.
Sin embargo, tomando distancia de esas personas indignas y de esos chotanos pusilánimes y desleales, los espontáneos actos de protesta y reclamos impulsados por maestros, estudiantes, ronderos y trabajadores de salud que se han desarrollado esta semana, nos salva de aquella especie de cobardía colectiva que se ha apoderado de los ciudadanos.
La raíz de los problemas es el enfermizo afán de poder y dinero que, a su vez, ha ocasionado el desgobierno y las pugnas en la Unidad de Gestión Educativa Local, UGEL; los actos de corrupción en la DISA (Dirección Subregional de Salud) y la Municipalidad, además en ésta, la negativa a rendición de cuentas; y los cuestionamientos a los concursos de personal convocados por la UNACH.
Hay muchas premisas para desentrañar la conducta de esa clase de autoridades, pero el psicoanálisis tiene una explicación sencilla: “el afán de poder… no es algo natural en una persona psicológicamente estable; es la expresión patológica de un individuo que en el fondo se siente inferior, excluido, minusválido.” (U. Oberst: Alfred Adler: El poder y la ética).

(Sería una ofensa para Chota celebrar su aniversario con autoridades de esa calaña, que no saben el valor simbólico ni la dignidad de ostentar un cargo público).

Semanario Amor y Llaga N° 546

Una mirada de cerca

A raíz del triunfo electoral del MAS un acólito, emocionalmente ebrio, ha dicho que en Cajamarca nació la nueva izquierda y el nuevo Perú. No creemos semejante mistificación de la realidad social y política, por la simple razón que un triunfo electoral no es garantía de un cambio, menos de una transformación social. Esto ha quedado demostrado en los cuatro años que lleva el MAS al frente de la región. 
Para quienes han pasado de los ideales de una izquierda revolucionaria a los artificios del pragmatismo oportunista, no cabe duda que una votación así, será usada para negociar candidaturas y posiciones hegemónicas con miras a las elecciones generales del 2016.  La unidad de las fuerzas progresistas y de izquierda, desde esa perspectiva coyuntural, no pasará de un matrimonio de conveniencia y una frustración más.
Magnificar de lejos la reelección del MAS-PR sin mirar de cerca los entripados de su gestión no sólo evidencia una mirada miope, sino cierta complicidad con los actos de corrupción. (Veamos los bochornosos casos de la UGEL y la DISA Chota, sólo para señalar los más sonados en estos días). A la corrupción no se la debe tolerar viniere de donde viniere, sea de la derecha o sea de la izquierda.

Y si procede de la izquierda la sanción debe ser mayor, porque sería una estafa enarbolar banderas de justicia social, libertad, honestidad, lucha anticorrupción y, en los hechos, hacer todo lo contrario de lo que se pregonaba desde el Sutep o las rondas campesinas. De modo que la nueva izquierda y el nuevo Perú no pueden nacer desde una orilla maloliente. 
Semanario Amor y Llaga N° 545