sábado, 16 de junio de 2012

LA MATANZA DE SANTA CLARA (III) Pacífico Regalado: mártir rondero


En esta breve memoria de esa lamentable pérdida de vidas humanas que fue la masacre de campesinos en Santa Clara, no se puede obviar la figura de uno de los ocho mártires ronderos: Oscar Pacífico Regalado Benavides. Su muerte no fue un hecho casual ni producto de las circunstancias. La policía sabía perfectamente que era el principal dirigente y por ello tenía que ser eliminado.
Pacífico Regalado nació el 14 de diciembre de 1950, en la estancia de Numbral, perteneciente hoy al distrito de Chalamarca. Hijo de un modesta familia campesina formada por Germán Regalado Vásquez, su padre, y Hermelinda Benavides Tantajulca, su madre. on los efectivos de la guardia de asalto, rodearon a los campesinos y ante un incidente que pudo haberse superado de haber existido una predisposición al diálogo por parte del jefe del operativo, comenzaron a disparar a mansalva contra la muchedumbre que huía despavorida, e incluso uno de los peones de la hacienda que pasó al lado de los efectivos policiales señalaba a los dirigentes. Los ocho campesinos muertos fueron traslados a la morgue de Chota en una camioneta de nombre “Superman”, alquilada por la hacendada, en tanto que los veintiún detenidos iban encima de los muertos.
Esta breve síntesis de los luctuosos hechos de aquel día, nos indican grosso modo el actuar de las fuerzas del orden y del Ministerio Público. Dos días después de lo ocurrido, arribó una comisión de oficiales de la Guardia Civil, presidida por el coronel Javier del Busto Duthurburu, que en su informe al general jefe de la Segunda Región de las Fuerzas Policiales, no hace sino justificar la actuación de los efectivos policiales y la matanza de campesinos, por el “tinte político” de sus dirigentes de tendencia izquierdista, para resguardar la integridad física de cuatro policías “secuestrados” y defender el principio de autoridad, la seguridad y la propiedad privada, etc. Sin embargo, contradiciendo su propia versión de que fueron atacados por los campesinos, el informe indica que se constató el uso de 450 cartuchos calibre 7.62 mm de fabricación norcoreana (es decir, de fusiles AKM, que sólo los usó la policía). En cambio la comisión de oficiales, muy airosa, mostró en forma sarcástica ocho machetes, un hacha, unas botellas, mechas y un máuser viejo, decomisados a los campesinos atacantes.
La matanza de los ocho campesinos en Santa Clara, ha quedado impune. El fiscal provincial de entonces –Ciro Carhuaya Quintana– abdicando de su función de conducir la investigación del delito y ejercer la acción penal ante el Poder Judicial, derivó la denuncia ante el fuero privativo policial de Chiclayo; no denunció el asesinato de los ocho campesinos, pero sí denunció a éstos por violencia y resistencia a la autoridad. ¡Qué irónica burla!

sábado, 9 de junio de 2012

Falsos, mentirosos y corruptos


“Aquí hay un maltrato a Cajamarca y los mismos cajamarquinos tienen que hacer  respetar y si es necesario hacer un paro, hacer alguna movilización, háganla y el partido nacionalista les va apoyar, es más con quién coordinamos para ayudarles hacer un paro. Seguramente por eso mañana me van a pedir que vaya preso, va a salir el procurador (a decir): Ollanta Humala está levantando a los pueblos a la movilización, si pues estoy, 
¿cuál es el problema?”
Ollanta Humala, Cajamarca, 2007

“No encarcele a la gente por hacer lo que usted como candidato les pidió que hagan.”
Gustavo Gorriti. Carta al Presidente Humala. IDL Reporteros
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¿Cuál es el problema? El problema es que los políticos, por lo general, son falsos, mentirosos y corruptos. Esa es la imagen que en la memoria del pueblo va quedando grabada y de la cual, lamentablemente, no tomamos conciencia y aún no aprendemos de las lecciones que nos da la Historia.
Los políticos, en las campañas electorales, se disfrazan, bailan, cantan, gritan, arengan al pueblo, se proclaman nuestros hermanos, firman compromisos y formulan promesas que una vez en el gobierno las tiran al tacho de la basura. Ya en el poder político se quitan el disfraz y se revelan tal cual son: falsos, mentirosos y corruptos.
Y en la coyuntura actual, conflictos como los de Conga y Espinar, se han encargado de acelerar la endeblez ideológica, la desnudez moral y la incapacidad política del presidente Humala, quien como candidato desde hace diez años atrás recorrió el país incendiando la pradera. Recordemos que el 21 de setiembre de 2009, dijo en Espinar: “No me escapé a Japón como el cabrón de Fujimori ni elegí Colombia como el otro cabrón de García”.  Para más tarde pedir la vacancia de García por “priorizar intereses económicos de grupos determinados, por encima de la defensa de la vida”.
Creímos en su palabra, pero al final nos damos cuenta que la palabra en los políticos no es más un gesto gutural falso. La palabra, el honor de la palabra, se les ha devaluado tanto que no se creen a sí mismos.
De otro lado, la historia política, también nos alecciona que la falsedad y la mentira, conducen a la corrupción. En este aspecto hay malísimos ejemplos de gobernantes, desde locales a nacionales.
Ese es el problema, señor Humala.