domingo, 12 de febrero de 2012

Indignos e indignados

El escritor uruguayo Eduardo Galeano con su conocida y aguda percepción crítica afirma que el mundo está dividido entre los indignos y los indignados. Es decir, entre aquellos que se catapultan profesional, social, económica o políticamente en base a la ruindad, la injusticia, el robo, el fraude, la vileza, el servilismo, la inmoralidad, la infamia, la iniquidad, el oportunismo, la conveniencia, en suma: la indignidad y la deshonestidad. Y, en el campo opuesto, aquellos que se rebelan y luchan con firmeza y una fe inquebrantable contra ese estado de cosas.

Los indignos carecen de ideales, sólo tienen intereses, afanes y apetitos. Y mucho de lo que identifica a los indignos se patentiza, con muy escasas excepciones, en la conducta de las autoridades y los funcionarios públicos de nuestra provincia. De la indignidad hay hecho su modo de vida, su fortuna y su fama (por ejemplo: “Acusan a alcalde de Chota de lavar dinero proveniente de la corrupción”, El Comercio, 6 de febrero; “Alcalde de Chota acusado de presunto desvío de dinero público”, Andina Agencia Peruana de Noticias, 7 de febrero; “Alcalde Chota… acusado de desvío de dinero público”, El Peruano, 8 de febrero; “Alcalde de Chota es investigado por lavado de activos”, La República, 9 de febrero).

Es fatal ese conflicto maniqueo de indignos e indignados, es decir, entre los que defienden y quieren conservar a perpetuidad el sistema de marginación económica y social, de vergüenza moral y de deshonestidad política del que medran y sacan tajada, y los que pugnan por cambiar y transformar ese mundo en busca de otro mejor, económicamente solidario, socialmente responsable, moralmente decente y humanamente digno.

Se aplica en esta lucha por la dignidad lo que el filósofo inglés John Stuart Mill dijo: “es mejor un humano insatisfecho que un puerco satisfecho”; y completa Antonio Marina: “El cerdo aspira a una felicidad de cerdo, mientras que la felicidad humana es una "armoniosa satisfacción de dos grandes aspiraciones: bienestar y creación" (La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez).

En definitiva, el afán de los indignos es por la felicidad de cerdo. En cambio, la lucha de los indignados es por la felicidad humana. Pues así, la lucha por la dignidad no tiene excusas.

Amor y Llaga N° 442

sábado, 14 de enero de 2012

Bicentenario en la mira


La celebración del 191° aniversario de la Declaración de la Independencia de Chota (12 de enero) deja un sabor de amargura y de indignación. Lo que debió ser la conmemoración de un acontecimiento histórico, se vio opacado por la presencia soberbia, amenazante y provocadora del suspendido alcalde provincial.

Al margen de este hecho, cuando propusimos la celebración de aquel acontecimiento, planteamos no solo la realización de un acto protocolar, como: emdanderamiento de la ciudad, desfile cívico escolar y ceremonia solemne, sino un conjunto de actividades educativas, culturales, sociales y políticas necesarias para rendir homenaje a los protagonistas de la gesta emancipadora y, fundamentalmente, para reforzar nuestra conciencia e identidad histórica.

Lamentablemente, algunos creen que un desfile simboliza mejor el sentimiento de patria y es el mejor homenaje a los héroes, mártires y próceres de la nación. Craso error, o en el peor de los casos, es una estrecha forma de celebrar un acontecimiento histórico.

Ahora, a pocos años de conmemorar el Bicentenario de la Declaración de la Independencia de Chota, es preciso que nos preparemos no para un desfile, sino que preparemos las condiciones para que nuestra ciudad y nuestra provincia, el 2021, sea una de las más prósperas y pujantes del país: integrada vialmente con carreteras asfaltadas, con servicios básicos que hagan posible una mejor calidad de vida para toda la población, una agricultura cualitativamente desarrollada, una infraestructura educativa, de recreación y deportes de primera.

Todo esto y mucho más debe estar en la perspectiva de la celebración del bicentenario. Y sólo será posible cuando contemos con autoridades auténticamente comprometidas con los intereses y el desarrollo de Chota, y no mequetrefes que lo único que buscan es hincharse de vanidad y de soberbia, y llenarse los bolsillos con dineros del estado.

Mirar hacia el bicentenario es proponer a Chota como la ciudad que queremos.